Deporte de Contacto
Mosteirin, Fredi
«Nos han llamado violentos. Nos han tachado de salvajes. Y ninguna etiqueta daba en el clavo». «¿Pero eso no es peligroso? ¿No te van a partir la cara?». Cualquiera que entrene deportes de contacto ha contestado esa pregunta mil veces, casi siempre a alguien que no ha pisado un gimnasio en su vida. Deporte de contacto va de lo que hay al otro lado de esa pregunta. Del olor a li...
Sinopsis
«Nos han llamado violentos. Nos han tachado de salvajes. Y ninguna etiqueta daba en el clavo». «¿Pero eso no es peligroso? ¿No te van a partir la cara?». Cualquiera que entrene deportes de contacto ha contestado esa pregunta mil veces, casi siempre a alguien que no ha pisado un gimnasio en su vida. Deporte de contacto va de lo que hay al otro lado de esa pregunta. Del olor a linimento que se queda pegado a la ropa. Del nudo en el estómago mientras te vendas las manos. Del chaval que se levanta a las seis para entrenar y del que sale reventado del curro y aun así coge la mochila. Del compañero al que le has pegado y con el que te ríes diez minutos después en el vestuario. De ese vínculo que, una vez que lo tienes, no se rompe. Y va también de lo que no se dice en voz alta: los recortes de peso que están destrozando carreras, los entrenadores que se titulan en un fin de semana, lo que se juega un promotor para montar una velada, la manía de crucificar al que pierde, los chavales con un talento enorme que cuelgan los guantes a los veinticinco, quemados. Treinta años de vestuario —de los gimnasios de los novent
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